Las plataformas digitales saturaron su capacidad de absorción laboral y ya no contienen el desempleo

La destrucción del empleo formal golpea con fuerza a los sectores más intensivos en mano de obra y las plataformas digitales, que durante años funcionaron como válvula de escape frente a la desocupación, comienzan a mostrar signos de saturación. La sobreoferta de choferes y repartidores empuja a la baja la rentabilidad por viaje o pedido, debilitando ese refugio laboral informal

El economista Federico Pastrana advirtió que la destrucción de puestos formales se está acelerando y que una reconversión productiva que no genera empleo registrado es señal de una economía estancada o en caída. En la misma línea, un informe del Centro de Estudios del Trabajo y Desarrollo (CETyD) de la Universidad Nacional de San Martín señaló que el empleo en plataformas “no alcanza ni podría alcanzar a contener toda la búsqueda de ocupación” y que solo amortigua de manera transitoria el aumento de la desocupación.

El fenómeno ya se observa en distintas ciudades del país. En Comodoro Rivadavia, por ejemplo, trabajadores despedidos del sector petrolero se volcaron a conducir Uber o Didi, pero la saturación de choferes en un contexto de caída de la demanda derivó en menos viajes y menores ingresos. La misma dinámica se replica en todo el país.

Según datos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), entre septiembre de 2023 y diciembre de 2025 se perdieron cerca de 150.000 empleos privados registrados. Solo en 2025 el empleo asalariado total cayó 1% interanual, lo que equivale a 106.200 puestos menos, con el sector privado concentrando la mayor parte de esas bajas.

Los sectores más afectados fueron la industria, que perdió casi 40.000 empleos en 2025, y el comercio, que resignó más de 22.000 puestos. También la minería, el agro y la intermediación financiera destruyeron empleo en la segunda mitad del año. En paralelo, la tasa de desocupación se ubicó en torno al 7,5% al cierre de 2025.

Sin embargo, el dato más relevante es que el empleo registrado total cerró el año sin grandes cambios netos porque el trabajo independiente creció 3,8%, sumando más de 100.000 monotributistas y compensando la caída del empleo asalariado. En términos concretos, los puestos de mayor calidad —con aportes, aguinaldo y estabilidad— están siendo reemplazados por formas más precarias de trabajo.

El CETyD también advirtió que el pluriempleo pasó del 8% en 2013 al 12% en 2024, y que el 75% de los trabajadores de plataformas utiliza estas aplicaciones como segundo empleo, principalmente por necesidad. Los ingresos laborales, además, se encuentran cerca de un 25% por debajo de los niveles de 2017.

En diciembre de 2025 el Gobierno envió al Congreso el Proyecto de Modernización Laboral, que creó la figura del “prestador independiente de plataformas tecnológicas”, excluido de la Ley de Contrato de Trabajo. Esto implica que conductores y repartidores no acceden a indemnización, vacaciones, aguinaldo ni licencias médicas. Según estudios económicos, más de un millón de personas obtiene ingresos de estas plataformas, aunque solo una minoría depende exclusivamente de esa actividad.

Durante años, estas aplicaciones funcionaron como un “empleo de refugio” para quienes perdían su trabajo formal, ya que permitían generar ingresos rápidos sin requisitos. Esto ayudaba a contener la suba del desempleo abierto. Pero el sistema tiene un límite: si hay demasiados trabajadores para la misma cantidad de viajes o pedidos, el ingreso de cada uno cae, y eso es lo que está ocurriendo.

Un dato ilustra la magnitud del problema: en diciembre de 2025, un repartidor necesitaba completar en promedio 454 pedidos para cubrir la Canasta Básica Total de un hogar tipo. Cuando el esfuerzo requerido es tan alto, el trabajo informal deja de ser un refugio y se convierte en una trampa de precariedad.

La expansión del monotributo y el trabajo independiente permitió contener las estadísticas de desempleo, pero también ocultó parte de la crisis laboral. La tasa de informalidad alcanzó el 43% a fines de 2025, con cuatro de cada diez trabajadores fuera del sistema formal.

Pastrana compara la situación actual con la década de 1990, cuando también hubo destrucción de empleo formal, pero en un contexto de crecimiento económico que permitía reabsorber trabajadores en otros sectores. Hoy, en cambio, la economía muestra estancamiento, caída del consumo, crédito paralizado y reducción del gasto público, lo que limita la creación de nuevos empleos.

Los organismos internacionales proyectan que la economía argentina podría crecer entre 3,8% y 4% en 2026, impulsada por exportaciones e inversiones. Sin embargo, el impacto en el empleo formal llegaría con demora y los trabajadores más vulnerables serían los últimos en beneficiarse.

Para que el mercado laboral se estabilice, la baja de la inflación debería recomponer salarios, reactivar el consumo y generar inversión productiva que cree empleo formal. Sin ese proceso, advierten los especialistas, el desempleo y la precarización laboral seguirán en aumento en los próximos meses.

Fuente: apfdigital.com.ar

Imagen: eh.ameoo


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