Legumbres, proteína de calidad y barata, respuesta clave a la alimentación del siglo XXI

Accesibles, nutritivas y sostenibles, las legumbres como lentejas, garbanzos y porotos cobran protagonismo frente al cambio climático y la inseguridad alimentaria. Aportan proteínas de calidad, fortalecen la biodiversidad y abren nuevas oportunidades para la industria alimentaria, según recomendaciones del Colegio de Nutricionistas de la Provincia de Buenos Aires.

Estos cultivos, presentes en la alimentación humana desde tiempos ancestrales, se revalorizan en un contexto donde la nutrición, la salud y la sostenibilidad son desafíos globales. No solo son accesibles y nutritivos, sino que también ofrecen soluciones frente a la pérdida de biodiversidad y la seguridad alimentaria.

La licenciada en Nutrición Silvina Ferrante destaca que las legumbres son una fuente excepcional de proteínas vegetales, fibra, vitaminas del complejo B y minerales como hierro y zinc. Su consumo regular reduce el riesgo de enfermedades crónicas y, combinadas con cereales integrales, ofrecen un perfil completo de aminoácidos esenciales, siendo clave en dietas flexitarianas, vegetarianas y veganas.

Además, las legumbres benefician al medio ambiente al fijar nitrógeno atmosférico, reduciendo la necesidad de fertilizantes sintéticos y disminuyendo la huella de carbono. Su diversidad genética contribuye a la biodiversidad agroecológica, fortaleciendo la resistencia de los sistemas productivos ante plagas y cambios climáticos.

En términos de seguridad alimentaria, Ferrante señala que las legumbres son una opción sostenible y accesible para alimentar a una población creciente. Son adaptables a distintas condiciones agroclimáticas y pueden almacenarse por largos períodos sin perder valor nutritivo, lo que las convierte en un recurso estratégico para regiones vulnerables.

La versatilidad culinaria de las legumbres es amplia, tanto en preparaciones caseras como industriales. En respuesta a la demanda del mercado, se han desarrollado tecnologías para extraer y concentrar sus proteínas en polvos funcionales, que enriquecen productos como panes, galletas, barras energéticas, bebidas vegetales y alternativas cárnicas.

Procesos biotecnológicos avanzados, como la microfiltración y técnicas enzimáticas, permiten preservar la funcionalidad de las proteínas, facilitando la reformulación de alimentos tradicionales hacia opciones más saludables y sostenibles. Estas proteínas en polvo mejoran la textura, retención de agua y capacidad emulsificante de los productos.

Desde el Colegio de Nutricionistas de Buenos Aires, se sostiene que promover el consumo y la valorización industrial de las legumbres es una inversión en salud pública, resiliencia climática y equidad alimentaria. Integrarlas en la dieta y la producción contribuye a sistemas alimentarios más justos, nutritivos y sostenibles para las generaciones actuales y futuras.

Fuente: diariolatercera.com.ar

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