La crisis golpea los barrios de Gualeguaychú: comedores comunitarios sostienen la esperanza en medio del ajuste

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Un 55% más de familias buscan alimento en los comedores barriales de Gualeguaychú

El aumento de la pobreza y la falta de políticas públicas agravan la situación social en Gualeguaychú. Espacios comunitarios como Los Troperitos y Tres Hermanas enfrentan una demanda creciente de asistencia alimentaria, mientras referentes barriales denuncian la ausencia de ayuda oficial y proyectan resistir con solidaridad en 2026.

La realidad en los barrios de Gualeguaychú refleja con crudeza el impacto de la crisis económica nacional. El aumento de la pobreza, la caída del salario real frente a la inflación y el encarecimiento de los servicios básicos han profundizado las dificultades cotidianas de miles de familias. La falta de empleo estable y la precarización laboral dejan a muchos hogares sin ingresos suficientes para garantizar un plato de comida en la mesa.

En este escenario, la demanda de asistencia alimentaria creció de manera alarmante. Cada vez más personas recurren a espacios comunitarios en busca de viandas, meriendas o un apoyo mínimo para sobrellevar la situación. El incremento sostenido de quienes necesitan ayuda expone la fragilidad del tejido social y la ausencia de políticas públicas que acompañen a los sectores más vulnerables.

Desde 2019, Emilce coordina actividades en Los Troperitos, en Pueblo Nuevo. Relata con dolor la presión que sienten quienes sostienen los comedores barriales: “Los padres me suplican por una vianda. Vienen incluso de otros barrios, pero debo repetirles que no puedo recibir más gente. Si tuviera recursos, encantada seguiría sumando familias y chicos”. Actualmente solo puede asistir a 84 niños, con seguimiento de problemáticas familiares y control de vacunas. Hace cinco meses que no reciben leche ni alimentos de la Municipalidad. “Es tristísimo. En los talleres hay más chicos que quieren participar, pero no tenemos cómo cubrirlo”, lamenta.

A pesar de las dificultades, mantienen siete actividades semanales: apoyo escolar, inglés, talleres para jóvenes y adultos mayores. Sin embargo, debieron suspender el fútbol por falta de seguros y hace dos años se les cortó la tarjeta Igualar y la asistencia alimentaria. Los fines de semana, cuando logran reunir donaciones, ofrecen comida. Emilce proyecta sumar talleres de oficios en 2026, aunque reconoce que deben hacerse cargo de materiales y maquinarias. “Siempre pensando en positivo, esto nos da más fuerza para seguir adelante”, afirma.

Silvia Benedetti coordina el comedor Tres Hermanas, donde la demanda aumentó un 55% en un año: de 55 familias pasaron a 85. “Estaría bueno no tener a nadie y que cada familia tenga su comida en su mesa, pero no creo que pase. La situación está terrible”, señala. En medio del calor prepara viandas y organiza la tradicional Caravana de Reyes, convocando a la comunidad con bicicletas, motos y autos. “Prefiero que me donen un paquete de fideos y no dinero. Todo es bienvenido”, agradece.

Los testimonios de Emilce y Silvia reflejan la fuerza de los barrios: sin apoyo oficial, funcionan “a pulmón” y con la solidaridad de vecinos. El aumento del 55% en la demanda de viandas es un llamado de atención sobre la crisis social y la necesidad de políticas públicas que acompañen a quienes sostienen la alimentación de cientos de gurises.

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