Planchado de senos: la violencia invisible que afecta a millones de niñas en el mundo

Identificada por las Naciones Unidas como uno de los crímenes de género más silenciados, esta práctica busca frenar el desarrollo físico de las jóvenes bajo la falsa promesa de protegerlas del acoso y el abuso. Las leyes resultan insuficientes sin transformación social.
Bajo la creencia de estar protegiéndolas contra el acoso sexual, las violaciones, los matrimonios forzados o los embarazos precoces, miles de familias someten a niñas de entre 9 y 19 años al denominado “planchado” u “aplanamiento de senos”. La práctica consiste en presionar, masajear o golpear el tejido mamario en desarrollo utilizando objetos extremadamente calientes, tales como morteros, piedras de moler o espátulas expuestas al fuego. En aproximadamente el 60% de los casos, la intervención es ejecutada por las propias madres o abuelas.
Las Naciones Unidas estiman que este flagelo afecta a más de 3,8 millones de mujeres a nivel global, catalogándolo como una de las cinco formas de violencia de género menos denunciadas en el planeta.
El impacto geográfico y social es crítico en varios países de África Central y Occidental:
- Camerún: Según investigaciones de la organización no gubernamental Gender Empowerment and Development (GeED), con sede en Yaundé, una de cada cuatro mujeres ha sufrido esta práctica. En las regiones con mayor prevalencia, las cifras indican que entre el 25% y el 50% de las adolescentes son víctimas de este procedimiento.
- Nigeria: A pesar de que la legislación nacional tipifica esta práctica como delito a través de la Ley de Prohibición de la Violencia contra las Personas (VAPP Act) —que establece penas de hasta cuatro años de cárcel o multas económicas—, la aplicación real de la norma sigue siendo deficiente. Relevamientos en comunidades de Abuya revelan que una de cada tres adolescentes ha pasado por este trauma.

Graves secuelas físicas y psicológicas
El uso de utensilios sin esterilizar y la exposición directa a altas temperaturas generan daños irreversibles. Entre las secuelas físicas más frecuentes se encuentran infecciones severas, deformaciones, abscesos, quemaduras de tercer grado, deformación del tejido mamario e imposibilidad futura de amamantar. A esto se le suma un trauma psicológico profundo y dolores crónicos que acompañan a las víctimas durante toda su vida adulta.
La persistencia del planchado de senos demuestra que la sanción penal resulta insuficiente si no va acompañada de políticas públicas de educación, concientización territorial y erradicación de los mandatos patriarcales que responsabilizan al cuerpo de las niñas por la violencia sexual que ejercen los varones.
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